Restaurar, no sustituir
Senat nació de una exigencia sencilla: conservar en lugar de sustituir. Donde habría sido más fácil derribar, se restauró. Cada madera, cada superficie y cada piedra pasó por manos especializadas para devolver a la casa lo que el tiempo le había quitado, siempre fiel al original.

La piedra de Braga
En los muros exteriores, el granito de la ciudad, limpio y restaurado. La misma piedra con la que se levantó la antigua Bracara Augusta, la ciudad romana que existió aquí: la capa más profunda de la casa, historia que se toca con la mano.

280 m² de mármol y madera que son pintura
En las zonas comunes, el mármol de los zócalos y la madera de los paneles son, en realidad, pintura a mano. Los fingidos y marmoleados, la técnica decorativa de las antiguas casas nobles, recrean el esquema decorativo original, filete a filete. No es lo que parece, y ahí reside su rareza.

Carpintería recuperada pieza a pieza
Puertas, marcos, molduras y rodapiés: la carpintería original se recuperó respetando el diseño y el material de origen. El detalle que se siente en la mano.

Un techo de madera, devuelto a su forma
Restaurado por completo, el techo de madera recuperó su forma y su color originales: una pieza que se alza sobre la casa.

La escalera, restaurada peldaño a peldaño
La caja de escalera, con su pasamanos curvo, sus balaustres torneados y sus peldaños, se restauró como columna vertebral de la casa. Se sube por dentro de su historia.
Y en el centro de todo, el Salón Egipcio, pintado en 1937: la gran pieza de esta restauración.
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