Una sala que no existe en ningún otro lugar
En la primera planta de una casa histórica de la Rua do Souto se esconde una sala enteramente egipcia. Paredes y techo cubiertos de jeroglíficos, figuras y ornamentos, pintados a mano en 1937 por el artista bracarense Lúcio Fânzeres.

Ramsés III, pintado en Braga en 1937
Fânzeres no inventó: copió. Las escenas reproducen el templo de Ramsés III en Luxor tal como lo registró el egiptólogo alemán Richard Lepsius en los grabados decimonónicos de Denkmäler aus Aegypten und Aethiopien. El resultado es un raro ejemplo del orientalismo historicista, la corriente que marcó las artes decorativas portuguesas en la primera mitad del siglo XX, y uno de los últimos que se conservan en el país.
Del abandono a la protección
Durante décadas, la sala fue el espacio social del Sindicato de Trabajadores del Comercio. Después, el edificio cerró y se deterioró, y el Salón estuvo a punto de perderse. En 2006 el IPPAR, el instituto portugués de patrimonio, garantizó públicamente que no sería destruido, y en 2014, tras años de movilización de asociaciones de defensa del patrimonio, el Ayuntamiento de Braga impulsó su protección.
Devuelto a su belleza original
Su rescate fue un minucioso trabajo de conservación y restauración que devolvió al Salón su dimensión estética original y lo preservó para las generaciones futuras. Las imágenes hablan por sí solas.




El mismo espacio, antes y después de la restauración.
